Karmas y Enfermedades
Por: Suami Sivananda
Una Publicación de la Sociedad de la Vida Divina.
Primera Edición en 1959.
Segunda Edición en el año 2000 (dos mil copias).
Edición para la página web: año 2001.
Sitio web: http://www.SivanandaDlshq.org/
Sociedad de la Vida Divina.
P.O. Shivanandanagar-249 192.
Dist. Tehri-Garhwal, Uttaranchal, Himalayas, India.
Contenido:
. Karmas y Enfermedades
. Karmas y Nacimiento
. Karmas e Infiernos
Karmas y Enfermedades
Introducción
Es común en estos días escuchar que los Puranas son escrituras poco confiables que se permiten una exageración ilimitada de muchas cosas. Estas críticas dicen que los Puranas contienen gruesas exageraciones, e intentos pueriles y absurdos por engatusar o acobardar al lector, con citas de regiones paradisíacas y sus goces, y también con descripciones terribles de los fuegos del infierno y sus tormentos. Criticar algo requiere poco ingenio o sabiduría. La condena simple y directa, sin tener en cuenta los pros y los contras de un asunto, es la naturaleza innata de la mente humana. Pero, incluso para estas mentes retorcidas, una pequeña reflexión, revelará de inmediato, que los sabios escritores de los Puranas tenían un propósito especial al escribir ciertas cosas del modo en que lo hicieron. Con un propósito determinado en vista, ellos destacaron con vehemencia y deliberadamente ciertas cuestiones, poniendo énfasis especial en algunos temas. Bajo esta descripción gráfica y detallada de los Karmas y sus consecuencias, hay una sicología sagaz, y una percepción de la naturaleza interior de las cosas, puesta con un propósito práctico.
Hasta tanto, y a no ser que la Realización del Ser se consiga, que se obtenga el Conocimiento Absoluto, habrá siempre flujo y reflujo entre el animal y el hombre que hay en cada ser humano. La bestia, el bruto, nunca está ausente por completo, o vencido, excepto a través de la Divinización final del individuo. En tanto haya un aspecto humano, a su lado existirá también un aspecto animal, dominando alternativamente uno u otro. Sólo cuando el Jiva está por encima y más allá de ambos, y logra transformarse y quedar establecido en el tercer aspecto de su naturaleza, latente hasta ese momento, el llamado aspecto Divino, se convierte en un “Mriga-Nara-Atita”. A partir de ese momento no hay más este tira y afloje entre el hombre y el animal, intentando imponerse y dominar en el territorio de la consciencia del Jiva. De allí en adelante el Mismo Kshetrajna Divino reina supremo en el Kshetra.
Ahora bien, hasta que este estado se logra, nos damos cuentas que el hombre es a veces animal y a veces humano, según con el Vritti que tenga en cada momento. Se muestra, alternativamente, noble y mezquino. Oscila entre lo sublime y lo ridículo. Sus dos aspectos diferentes reaccionan al estímulo externo en sus procederes propios y peculiares. Del mismo modo, solamente una forma particular de aproximación externa tiene éxito en provocar la respuesta deseada, ante estos aspectos duales de la consciencia del hombre. Por ello es que vemos que los impulsos groseros y degenerados, y las tentaciones no tienen éxito en personas que han evolucionado hasta cierto punto, y lograron una buena medida de Sattva, de refinamiento, cultura y carácter. Triunfan solamente en situaciones excepcionales cuando sucede que la persona, desafortunadamente, tiene un raro momento de debilidad debido al resurgimiento de Samskaras. Mientras tanto, en las naturalezas densas, tales tentaciones hacen estragos con facilidad e inmediatamente, y viceversa, los impulsos nobles afectan enseguida a una naturaleza sensible, pero fallan al querer estimular alguna expresión en personas densas con una mentalidad animal inferior. Esto dio lugar al proverbio en lengua Marathi que dice: “Para el zapatero, la veneración a los dioses se hace con los zapatos”, o el dicho Tamil: “Sin la banana el mono no baila”. El caso es el mismo con los sentimientos nobles, como está ejemplificado con amplitud en la sumamente cuidadosa sicología aplicada por el famoso médico Arnold de Rugby, cuando apela a los instintos más valiosos en sus muchachos. No menos chocante es el histórico ejemplo de Marco Antonio, ejercitando diestramente su elocuencia persuasiva y provocativa sobre la audiencia de Roma, primero para provocar compasión, trabajando sutilmente sobre el aspecto humano, elevando luego un frenesí de violencia vengativa, inflamando con fuerza su pasión animal de cólera.
En las ideas de Infierno y Retribución de los Puranas de la Religión Hindú subyace esta profunda comprensión del ser humano, esta sicología aguda y admirable. Ellos sabían que un dulce silbido no hará que el búfalo se mueva, mientras que el látigo si lo hará. Sabemos que la noche anterior a la construcción del gran puente a Lanka, cuando fallaron los requerimientos al Rey del Océano para que se comportara del modo adecuado, Rama, colérico, agarró una flecha. En el instante siguiente el Sagara-Raja estaba suplicando con las manos juntas ante Rama. Del mismo modo, para que el hombre se comporte noblemente, tenga una aspiración elevada y conducta recta, los sabios de los Puranas, pusieron ante él prospectos brillantes, y elogiaron los beneficios y dichas indescriptibles que se derivan de una vida buena. Aquí trata de apelar al lado humano del hombre. Más, cuando el hombre se permite pecados extremos y actos bestiales de grosera sensualidad, ellos sabían que no había que andarse con rodeos. La fiera sólo podía corregirse mediante una descripción real y vívida de los resultados inevitables de sus actos. Aquí debemos hacer notar que ellos no exageraban ni decían falsedades, sino que dieron una importancia especial y enfatizaron el tema deteniéndose sobre los detalles gráficos y no escatimaron esfuerzos en hacerlo así. En consecuencia, confrontaron al Jiva con una terrible serie de consecuencias espeluznantes que ocurrirían de modo inevitable ante las acciones malignas del pecador. Dieron una descripción gráfica de los diversos castigos que están esperando al transgresor desenfrenado de las leyes espirituales y morales. Para exponer esta verdad, relatan vivamente ejemplos de transgresiones y la retribución que les corresponde. Los Puranas abundan en ejemplos espantosos, de sufrimientos que duran toda la vida en vientres inferiores, sufridos por personas como Nahusha, Jaya y Vijaya, los bien conocidos Gajendra, y muchos otros.
No se detienen en esto. Como si eso no fuera suficiente para dar ejemplos de los “Phalas” de las acciones pecaminosas y crímenes, citan ciertos casos en los que, incluso la indulgencia en emociones comparativamente inofensivas, provoca grandes sufrimientos en el hombre. La advertencia implícita en la historia de las vidas pasadas del Sabio Jadabharata es un ejemplo de esto. Incluso la participación accidental en una falsedad aparente fue suficiente para mandar un alma a dar un vistazo, aunque sólo por un momento, del terrible fuego del infierno. Aquí nos estamos refiriendo al ejemplo del Darshan del Infierno Naraka que tuvo el gran Yudhishthira.
En estos días, afortunada, o desafortunadamente, a pesar de los numerosos Puranas, muy pocos son estudiados por la gran mayoría. Aquellos pocos que se dedican a leer los Puranas o a escucharlos, raramente van más allá de los cuatro o cinco clásicos Puranas Saivitas y Vaishnavitas, que son normalmente conocidos en todo el país. Podemos decir que la lectura cuidadosa de los Puranas se limita generalmente a los siguientes: Skanda, Markandeya, Vishnu o el Srimad Bhagavata. No nos estamos refiriendo aquí al Brahmín ortodoxo o a la persona instruida, sino el hombre común de la calle, que constituye una parte importante de la población. Es así que, actualmente, no se escucha el chasquido del látigo de las citas del Karma y el Karma-phala, corrigiendo la bestia sensual en el hombre. Y, como resultado de ello, ataca furiosamente como nunca lo hizo antes. Más las leyes, mundanas o divinas, son inexorables. La ignorancia del Código Penal no premia al que comete un crimen, ni hace que el criminal quede libre. Si roba lo encarcelan. Si asesina lo cuelgan. Del mismo modo, si peca, sufre. Si esta verdad ineludible que establece la Ley Cósmica es puesta delante de él crudamente y de modo preciso, puede ser que sirva para persuadirlo un poco para que deje el vicio y siga la virtud, que renuncia al Adharma, y abrace el Dharma. Ese es el propósito de este pequeño ensayo sobre “Karmas y Enfermedades”. Este objetivo se limita principalmente a las formas físicas y mentales que tiene esta retribución celestial, y también a las formas que adopta en este plano terrenal. Para el hombre moderno el objetivo citado se sostiene con el lema “ver para creer”, y no será necesario un segundo vistazo para que vea la terrible verdad del precio que el hombre paga en hospitales y clínicas por los crímenes contra el Dharma.
Las enfermedades que sufrimos aquí en la tierra desde nuestro nacimiento, son todas el producto de acciones que efectuamos en tiempos previos. Cada acción tiene su reacción, y ninguna acción queda sin la recompensa adecuada. Las malas acciones no quedan sin sus efectos amargos sobre el actor. Aquí doy algunas de las penosas condiciones de vida que tiene que vivir el hombre debido a sus negligentes actos pecaminosos.
Los infiernos no son ficciones imaginarias tal como lo conciben las mentes racionalistas modernas. Los empíricos creen exclusivamente en la experiencia que les dan los sentidos, y se sienten incapaces de elevarse por encima de los dictados del intelecto. Pero esto no significa que el hombre tenga razón al hacer caso omiso de hechos que están más allá de su comprehensión. No tenemos derecho a afirmar que el globo terráqueo es la realidad más concreta, y que otros mundos son simples apariencias. Las estrellas no se conviertes en manchas con una luz que titila en el cielo simplemente por la razón que ese es el modo en que las percibimos. Si yo no vi los Estados Unidos, no tengo derecho a negar la existencia de tal país. Hay evidencias, tanto intuitivas como racionales, para que aceptemos la existencia de otros mundos que están más allá, que son completamente diferentes, tanto en medida como en naturaleza. El Yogavasishtha dice que nuestra tierra es sólo un átomo entre muchos otros mundos más grandes, que existen allende nuestra percepción, que son muy variados entre ellos, y distintos de la tierra en muchísimos aspectos. No tenemos autoridad para descartar el relato que da Vasishtha sobre la existencia de mundos hechos de materiales diferentes, como cobre, acero, oro, etc., llenos de agua, leche, y cosas así, habitados por serpientes, animales, demonios, etc. No es necesario que únicamente los seres humanos habiten todos los mundos, y que las mismas condiciones de la tierra prevalezcan en todos los planos de existencia. El universo es una revelación gradual del Infinito Absoluto en distintos grados de Consciencia, la que incluye todo tipo de vida y experiencia. ¡El Infinito es una gran Maravilla, y no podemos saber que cosas se están desarrollando en su matriz! ¡Nosotros, y nuestro mundo, no somos sino uno, entre los muchos que hay en EL! Hay muchas familias en la Infinitud, y todos son Sus hijos: tierra, infierno, paraíso, hombres, animales, dioses, demonios, con estructuras diversas. El Absoluto se extiende desde la materia más baja hasta la Dicha Pura o Ananda, y entre estos extremos está el universo inconmensurable, con sus contenidos. Ellos difieren, tanto en su naturaleza individual, como en la naturaleza de sus contenidos. Se dice que los seres nacen en uno o en otro de estos mundos de acuerdo con sus acciones, las que fructifican de tal modo que sólo pueden cosecharse en ese mundo en particular. Sólo el fuego da calor, y sólo la comida puede aplacar el hambre. Del mismo modo, sólo un ambiente y una condición particular, pueden permitirnos cosechar los frutos de determinadas acciones. Aún cuando los castigos no necesariamente se deben a la cólera de ningún Ser Divino personal, sí puede afirmarse que eso es necesario, pero por la misma ley de la naturaleza. El alma debe manifestarse a sí misma con un cuerpo apto para determinadas experiencias, determinadas por sus acciones pasadas. Siendo eso así, no es irracional que esa variedad de mundos sea real. Tenemos que recordar que lo real no se ve.
Los infiernos, por lo tanto, son mundos tan reales como las regiones de Indra, o esta tierra mortal nuestra. Son regiones que se diferencian solamente en el plano sutil de su manifestación. Difieren en el grado del estado de Consciencia revelado a través de ellos. Los sufrimientos impuestos a los pecadores, tal como se enumeran más abajo, pueden querer significar, o un verdadero nacimiento en tales regiones, o una experiencia de sufrimientos igual a aquella que se detalla aquí, en cualquier otro estado de existencia, o una vida en la tierra con tales complicaciones, donde uno sufrirá tales penas directamente, o a través de la intervención de otros.
Karmas |
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Enfermedad o sufrimiento |
Quien insulta a otros, rompe promesas, causa un disgusto grave, priva a alguien de su propiedad, deshonra en público a otra persona.
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Agonía mental y dolor |
Quien tapa o bloquea la cueva de una rata o de una serpiente, quien captura un pez y lo mata por sofocación, quien suprime (por asfixia) la vida de cualquier creatura.
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Asma, enfermedades pulmonares, pleuresía, bronquitis aguda, neumonía, etc. |
Quien mata, o lastima a otros utilizando instrumentos envenenados.
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Picadura de escorpión y mordedura de serpiente |
Quien oprime a otros y los mantiene en esclavitud permanente por excesiva vanidad y orgullo.
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Quien es miserable y usurero, quien arruina, empobrece, y empuja a sus deudores a la inanición, a través de una renta extorsiva y un interés superior al normal.
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Consunción, tisis, tuberculosis |
Quien anda con prostitutas, comete adulterio, y lleva una vida impura.
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Lepra |
Quien está orgulloso de su fortaleza física y abusa de su vigor, oprimiendo a los demás y peleando con ellos.
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Epilepsia |
| Quien mira con lujuria a las mujeres, quien desea las propiedades de otros, cuyo corazón se inflama ante el bienestar de los demás, aquel que concurre a fiestas nautch (baile de la India). |
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Enfermedades permanentes de los ojos |
Quien prende fuego a la casa de otro y causa su muerte.
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Erisipela. Ascenso fatal de la temperatura de la sangre. |
Quien envenena con comidas irritantes, muy calientes y ácidas, quien añade chuna (limón muy ácido) al arroz y lo sirve en hoteles, aquel que agrega agua a la leche y la vende a un precio elevado, haciéndola pasar por leche pura.
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Cólicos y gastritis. |
| Quien es hipócrita, que bajo un máscara de bondad y virtud, atormenta continuamente a otros con tiranías mezquinas, aquel que, constantemente trata mal, castiga, y golpea con dureza a los niños pequeños. |
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Comezón maligno y enfermedades de la piel. |
Quien se entrega a los chismes, quien gusta de oir Paraninda (abusos a otros), y Paradooshana (insultos a otros), quien escucha canciones obscenas en shows danzantes, etc.
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Llagas, zumbidos dolorosos e inflamaciones en los oídos. |
Hijos que desobedecen a sus padres y los llevan a juicio.
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Leukoderma y pérdida de visión. |
Abogados y mediadores que tergiversan la verdad y dicen falsedades en los juicios. Nacen con cuerpos deformes y sufren de pérdida de memoria.
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Ceguera, espasmos (baile de San Vito), estrabismos y cataratas. |
Los científicos que inventan bombas y aquellos que las arrojan sobre gente inocente.
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Múltiples enfermedades peligrosas e incurables. |
Médicos crueles que maltratan a sus pacientes, les dan medicinas inútiles cobrándoles mucha plata, y los que inyectan agua y la cobran como si fuese un medicamento.
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Nacen como mujeres que tienen enfermedades en el vientre. Sus concepciones y nacimientos vienen acompañados de complicaciones severas y dolor, terminando la mayoría de las veces en abortos |
| Sannyasins que aparentan ser Siddhas y engañan a la gente que vive en el mundo. |
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Sufrirán de impotencia repentina en la flor de la juventud, y serán atormentados por frustraciones terribles al anhelar con esperanza el disfrute de placeres. |
Quienes beben bebidas alcohólicas y licores,
y se entregan a actos inmorales. |
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Nacerán como criaturas débiles (mental, moral o físicamente), subdesarrolladas o serán prematuros y sufrirán de neurastenia y debilidad general. |
Los que privan a animales mudos o tontos, de su comida y su bebida, y castigan animales inocentes como vacas y bueyes.
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Sufrirán piorrea, perderán todos sus dientes y tendrán úlceras en la garganta. |
| Aquellos que torturan a la gente en las prisiones. |
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Nacerán tullidos y paralíticos. Sufrirán de dolores nerviosos crónicos y de problemas reumáticos. |
Quienes blasfemen al Señor Supremo, o hablen mal de los santos y de las escrituras.
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Contraerán cáncer de lengua y quedarán mudos. |
Los ladrones que priven de sus posesiones a la gente, o hieran o maten a pobres.
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Serán víctimas de todas las epidemias, siempre con recaídas y complicaciones. |
Quienes quemen libros sagrados y destruyan literatura espiritual.
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Tendrán úlceras gástricas y cáncer. |
Un brahmín que arroje su cordón sagrado, no conserve su borla y que no haga Sandhya-Vandana
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Impotencia y ataques de locura. |
| Los capitalistas que hagan trabajar por demás a los obreros y les paguen salarios muy bajos, en fábricas, etc. |
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Sufrirán de asma, gran sofocación, y tumores cerebrales que les ocasionarán dolores insoportables; también de gota, reumatismo, lumbago y espalda con giba. |
| Quienes engañen a las masas mediante negocios espurios. |
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Tendrán diarrea crónica, dispepsia, y enfermedades del bazo, con anemia y malnutrición. |
Los que vendan vegetales y frutas rancios, trigo y arroz echados a perder, a un precio elevado, haciéndolos pasar por productos frescos.
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Sufrirán de obesidad incurable, elefantiasis y tumores en el estómago.
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| Traidores, cuenteros y gente pérfida. |
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Furúnculos en la cabeza y los hombros, abcesos, eczemas en la espalda. |
Los que niegan alimento a huéspedes (en Oriente huésped es aquel que no se espera) hambrientos que golpean la puerta.
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Piorrea y úlcera estomacal. |
Jefes que oprimen a sus subordinados, ayudantes y peones, haciéndolos trabajar ilegalmente y agitarse sin que sea necesario.
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Tienen dolores de cabeza crónicos y opresivos, alta presión sanguínea y vértigo agudo. |
Funcionarios públicos que usan mal el dinero y
presentan recibos falsos.
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Angina pectoral (dolores cardíacos), sufrimiento dental crónico, y nefritis. |
Sirvientes que fingen trabajar y de esa manera arruinan a sus patronos.
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Parálisis, temblor de miembros y palpitaciones. |
Brahmines que engañan a la gente como Purohits en lugares sagrados de peregrinación, y como devotos en templos famosos, pidiendo dinero, ropas y comida, en nombre de Dios.
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Enfermedades biliares terminales, vómitos, colitis crónica, y ceguera. |
| Padres que tiranizan y acongojan a sus hijos con tendencias espirituales, y los obligan a llevar una vida mundana. |
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Enfermedades agudas del sistema respiratorio, difteria, pleuresía, neumonía, etc. |
Karmas y Nacimiento
(del Garuda Purana)
El asesino de un Brahmín, nace tísico. El que mata una vaca, nace jorobado e imbécil. El que mata una virgen, nace leproso.
El asesino de una mujer y el que mata un embrión, nace como un salvaje lleno de enfermedades. Quien mantiene relaciones sexuales ilícitas se convierte en un eunuco. Quien huye con la esposa de su instructor nace con dermatosis.
Quien come carne se le pone la piel rojiza; a quien bebe bebidas alcohólicas se le decoloran los dientes; el Brahmín, que, en razón de la voracidad, como lo que no debe comerse, se convertirá en un barrigón.
El que come dulces sin convidar a los demás, se le hincha el cuello; quien da comida impura en una ceremonia de Sraaddha le salen manchas de lepra.
El hombre que, en razón de su orgullo, insulta a su maestro, nace epiléptico, quien menosprecia los Vedas, y las escrituras sagradas, nace con ictericia.
El que miente siendo testigo queda sordo; quien come sin que sus compañeros lo vean queda tuerto; aquel que induce una pelea matrimonial queda afónico; el que roba libros nace ciego.
Quien le pega a la vaca de un Brahmín con el pie, nace rengo y deforme; el que miente se convierte en tartamudo; el que escucha mentiras queda sordo.
Un envenenador se vuelve loco; un incendiario, calvo; quien vende carne se convierte en la persona más desafortunada.
Quien roba joyas nace en una casta inferior; al que roba oro se le arruinan las uñas; quien roba cualquier metal se emprobrece muchísimo.
Quien roba comida se convierte en rata; quien roba granos de cereales se convierte en una cigarra; quien roba agua se convierte en un pájaro Chakata; quien roba veneno se convierte en un escorpión.
Quien roba vegetales y hojas se convierte en un pavo; quien roba perfumes se convierte en una rata almizclera; quien roba miel se convierte en un tábano; quien roba carne se convierte en un buitre; quien roba sal se convierte en una hormiga.
Quien roba hojas de betel, frutas y flores, se convierte en un mono salvaje; quien roba zapatos, hierba y algodón, nace en el vientre de una oveja.
Quien lleva una vida violenta, quien roba caravanas en los caminos, y aquel al que le gusta cazar, se convierte en cabra en la casa de un carnicero.
Quien muere por ingerir veneno se convierte en una serpiente negra de montaña; quien lleva una vida licenciosa, se convierte en elefante en un bosque desolado.
El Brahmín que no recita el Gayatri, que no medita en el crepúsculo, que es malvado internamente, y aparenta ser pío por fuera, se convierte en una cigüeña.
El Brahmín que celebra ceremonias para quien no está en condiciones de hacerlo, se convierte en un perro callejero, y si lo hace muchas veces, se convierte en un burro; por comer sin pensar en Dios se convierte en un cuervo.
El brahmín que no enseña a quien lo merece se convierte en un buey; el alumno que no sirve a su maestro, se convierte en animal, un burro o un cuervo.
Quien amenaza y escupe a su maestro, o intimida a un brahmín, nace como un gran espíritu espantoso y perverso, en un desierto sin agua.
Quien no le da a un brahmín según lo que prometió, se convierte en un chacal; quien no es hospitalario con gente buena, se convierte en un demonio aullador con cara de fuego.
El que engaña a un amigo se convierte en un buitre de montaña; quien engaña en las ventas, se convierte en una lechuza; quien habla mal de las órdenes y castas religiosas nace como paloma en un bosque.
Quien destruye la esperanza y el afecto, aquel que, por que ya no le gusta más, abandona a su esposa, se convierte en un ganso rubicundo por mucho tiempo.
Aquel que odia a su madre, a su padre, a su maestro, quien pelea con su hermana y su hermano, es destruido siendo un embrión en el útero, hasta en mil nacimientos.
La mujer que abusa de su suegra y de su suegro, y origina peleas continuamente, se convierte en una sanguijuela; la que regaña a su esposo se convierte en un piojo.
Aquella que abandona a su esposo, y corre tras otro hombre, se convierte en un murciélago, una lagartija o una clase de serpiente hembra.
El que interrumpe su linaje embarazando a una mujer de su propia familia, se convierte en una hiena y un puerco espín, y nace en el útero de un oso.
El hombre lujurioso que anda con una mujer ascética, se convierte en un espíritu solitario; quien se casa con una niña inmadura se convierte en una gran serpiente del bosque.
Quien codicia la esposa de su maestro, se convierte en un camaleón; quien trata de irse con la esposa de un rey, vuelve con un carácter malamente corrupto; aquel que se va con la esposa de un amigo, se convierte en un burro.
Quien tiene vicios antinaturales, se convierte en chancho en un pueblo; quien se casa con una mujer Sudra, se convierte en un buey; el que es muy apasionado se convierte en un caballo lujurioso.
Quien se come las ofrendas a los muertos del día undécimo, nace como un perro; el Brahmín que subsiste con las ofrendas hechas a un ídolo, nace en el útero de una gallina.
El infeliz brahmín que adora deidades en búsqueda de riqueza, pierde la paz, y se convierte en un pájaro del bosque.
Quien usurpa una parcela de tierra que había sido dada, por él, o por otros, nace durante 60.000.- años como gusano de excremento.
Todas las criaturas provenientes de nacimientos inferiores, árboles, y cosas así, habiendo regresado del infierno, nacen nuevamente en el reino humano, entre las castas bajas, e, incluso allí, debido a las manchas del pecado, viven muy miserablemente. Se convierten en hombres y mujeres con lepra purulenta, nacen ciegos de nacimiento, están plagados de enfermedades penosas, soportando las marcas del pecado.
Quien, habiéndose convertido en rey, no les da tierra a los brahmines, renace muchas veces como un mendigo, sin siquiera una choza en el pueblo. El rey que por orgullo no regala tierras, permanecerá en el infierno durante tanto tiempo como existan el sol y la luna.
Karmas e Infiernos
(del Srimad Bhagavata)
Hay infiernos distintos. Un Jiva tiene que experimentarlos según sus karmas (actos) hechos con pecado y pasión. En el Bhagavata se describen veintinueve regiones de sufrimiento, en las que está escrito que los Jivas nacen debido a sus Karmas.
Hay un lugar de sufrimiento que se llama Tamisra. Aquí nacen aquellos que pusieron sus manos sobre las riquezas, hijos o esposas de otros. El Jiva experimenta allí un dolor extremo, es atado con cuerdas mortales, y arrojado con violencia a las regiones oscuras. No tiene comida ni bebida. Le pegan con garrotes, y debido a las amenazas que soporta, llega a un estado de aflicción intolerable, desfalleciendo.
Hay otra región, llamada Andha-tamisra (oscuridad que ciega). Aquí nacen los Jivas que engañaron a sus esposos/as, apropiándose de sus consortes, y de otras propiedades. Tales Jivas son arrojados a este infierno donde lo atormentan de tal modo que pierden toda comprensión y sentido, debido al dolor excesivo. El Jiva sufre tanto como un árbol al que le cortan las raíces.
Aquellos que se identifican groseramente con este cuerpo físico, y consideran la riqueza del mundo como si fuese propia, caen a un infierno denominado Raurava. Aquellas personas que atormentan a la gente aquí en la tierra, quedan sujetos, en esta peligrosa región, a gusanos venenosos llamados Rurus.
Maharaurava es del mismo tipo. Aquellos hombres que se entregan a las pasiones son comidos aquí por animales carnívoros.
En el infierno llamado Kumbhipaka, espíritus terribles hierven en aceite aquellas personas sin compasión, que cocinan y comen animales vivos, pájaros y cosas semejantes.
Los que insultan a hombres espirituales, Brahmines y Pitris, son arrojados a un infierno que se llama Kalasutra. Allí se los pone sobre una superficie de cobre ardiente de sesenta y cuatro mil kilómetros de extensión, con fuego por debajo y el sol encima, y son atormentados por el hambre y la sed, sufriendo una miseria indescriptible.
Hay un infierno denominado Asipatravan. Es un bosque cuyas hojas son dagas afiladas. Se hace correr al Jiva por el bosque, perseguido como si fuese una bestia. ¡Aquí arrojan a los que van en contra del Dharma Védico, y a los que abraza religiones paganas! ¡Oh, qué visión penosa! El Jiva corre, verdaderamente, de aquí para allá, siendo atravesado en este espantoso bosque de espadas. El Jiva grita, cayendo agonizante: “¡Ah, estoy perdido!”.
Los reyes que castigan a personas inocentes, o quienes infligen castigo corporal a un Brahmín, caen al infierno llamado Sukara-Mukha. Allí, todo el cuerpo del pecador se tritura como terrones de azúcar. ¡Aúlla desesperado, pero nadie lo ayuda!
Los hombres que, teniendo una buena posición en la sociedad, causan dolor a personas pobres, son conducidos a un infierno que se llama Andhakupa. El Jiva es atormentado por todos lados en la oscuridad por distintas clases de animales, serpientes, etc., y aprende de tal modo las lecciones que no se va a permitir de nuevo tales actos pecaminosos.
Los Brahmines que no hacen sus Yajnas diarios, que no comparten lo que tienen con los demás, pueden ser llamados cuervos, y caen a un infierno donde su comida son gusanos. Son arrojados a un vasto océano de gusanos, que atormentan al Jiva por todo el cuerpo.
Quien le roba a un Brahmín, o a un hombre pobre, haciéndolo sufrir por ello sin razón, cae a un infierno donde se lo pellizca rigurosamente con pinzas de acero, y se lo golpea con pelotas de acero al rojo vivo.
Los hombres o mujeres que abusan de sirvientes inocentes y pobres, y de peones, a los que se les debe tener pena y ayudar, por sus condiciones miserables, caen a un infierno en el que son podados, y se los obliga a abrazar estatuas de acero ardiente, como si fuese un hombre, o una mujer. Aquellos que abusan de su cama matrimonial reciben un castigo similar.
Quienquiera que aquí en la Tierra se insinúe, mediante la fuerza de la pasión, a cualquier clase de ser, se lo ubica en el Infierno Salmali, con espinas de diamante, contra las que es arrojado.
El Rey que quebranta los límites de la rectitud, y los empleados administrativos, que se apartan de la ley, caen al río Vaitarani, después de muertos. Los Jivas son mordisqueados por monstruos acuáticos, pero no se los separa del cuerpo; sus alientos vitales los mantienen siempre vivos, para que sean concientes de las consecuencias de su Karma. Este río está inundado de basura, orina, pus, sangre, pelos, uñas, huesos, tuétano, carne y grasa.
Los hombres nacidos en una casta superior, que eligen por esposas a mujeres de castas inferiores, y se conducen como brutos, llevando una vida desvergonzada, caen después de muertos a un abismo infernal, un océano de pus, basura, orina, flema, vómitos, y las cosas similares más detestables.
Aquellos Brahmines, u otros, que se conducen como esposos de rameras, o de burros, y encuentran placer en cazar animales, y matarlos, violando las Sastras, son el blanco de las flechas de seres desalmados, después de muertos.
Aquellos hombres inhumanos que degollan animales, nacen como tales en el Infierno donde se degüella, siendo tratados allí del mismo modo.
Aquellos brahmines pecadores, que seducidos por la pasión, hacen que sus esposas, nacidas del mismo linaje (Gotra), beban su semen, son arrojados a un mar de semen, que se tienen que beber.
Los que prendan fuego a las viviendas de otros, suministren veneno a los demás, o saqueen pueblos o caravanas, sean reyes, o empleados de reyes, caerán después de la muerte a un infierno donde son masticados vorazmente por setecientos veinte sabuesos de dientes horrorosos.
Quien dice falsedades actuando como testigo, o defrauda con los regalos que hace, cae a un infierno llamdo Avichimat, donde no hay piso sobre el cual pararse. Allí el Jiva es arrojado de cabeza desde la cima de una montaña de seiscientos cuarenta kilómetros de altura. En este infierno, incluso las superficies rocosas más duras parecen ser agua, y de esa manera el Jiva resulta más burlado todavía. Aunque su cuerpo es hecho añicos, no muere. Se lo eleva reiteradamente hasta el tope de la montaña, desde donde se lo arroja una y otra vez.
Al brahmín que beba vino, o coma alimentos no permitidos, se le hará beber hierro fundido en la región del infierno. Aquellos que vayan contra las reglas prescriptas para el Varnashrama Dharma se los castigará aquí adecuadamente.
Aquellos hombres que se alaben como grandes personajes, pero no respetan a los que son verdaderamente grandes, por su nacimiento, honor e instrucción, son, verdaderamente cadáveres vivientes, y después de muertos se los arroja de cabeza en un infierno de barro salado, donde sufren sujeto a tormentos interminables.
A los que adoran a los dioses ofrendando sacrificios humanos, se los tira en un infierno donde se los corta en rebanadas y son comidos por demonios, pero a pesar de ello no mueren, sino que experimentan únicamente el dolor.
Aquellas personas malvadas que atormentan a los que están refugiados con ellos, debido a que los tienen bajo su control, se los hace sufrir después de muertos, de hambre y sed extremos, siendo golpeados por ambos lados con instrumentos afilados, haciéndoseles recordar sus pecados.
Los que aquí son crueles como serpientes por su naturaleza, y aterrorizan a otros seres, caen, cuando mueren, en un infierno que se llama Dandasuka, donde serpientes de cinco o siete cabezas los atormentan, y los hacen sufrir hasta morir, aunque en realidad siguen vivos.
Los que ponen presos a la gente en agujeros oscuros y mazamorras, cuando llega el momento, después de la muerte, son encerrados en atmósferas oscuras, llenas de fuego y humo.
A los hogareños que tratan mal a los huéspedes, mirándolos con crueldad, como queriéndolos incendiar, buitres con picos afilados con la dureza del diamante, les arrancan los ojos después de la muerte. |
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